Decía, tras el resultado de la Supercopa, que había mucho que mejorar, que pese a la victoria y lo relativamente abultado del marcador final, se habían plasmado graves limitaciones en la piscina. Y claro, podemos ganar a San Vicente, que sabemos que en el último cuarto no podrán apenas con el peso de los gorros empapados en agua, pero con rivales de mayor entidad que entrenan, que físicamente pueden ¿qué haremos?.
La cruda realidad se ha visto hoy, sábado 27 de octubre. La UD Horta nos ha pasado por encima a medio gas, sin querer machacarnos. 3-15 señala el final del partido, y gracias, muchas gracias tenemos que dar a su generoso levantamiento de pie en el acelerador.
Agarrotados, lentos, previsibles. Sólo dos goles, y de penalty, en todo el partido, y al final De la Torre, a falta de muy poco, el único gol en jugada, cuando ya hacía mucho tiempo que estábamos en los minutos de la basura.
Fallos en todas las líneas. Rubén echándose el equipo encima, con el resto de espectadores privilegiados de su propia derrota. Pero no es eso, Rubén. El derroche físico resulta inútil, se acaba por lo mismo fallando demasiado, y se trata de que, como entrenador, los demás asuman su papel en el equipo. Y ahí ha habido verdaderas calamidades. Sólo Borja, saliendo al final, ha dado con su descaro y movilidad, por supuesto insuficiente, "algo" con que alimentar la cara de pena de la grada, con algún robo de balón y una asistencia a Alex, junto con dos exclusiones que demuestran que por lo menos ha defendido.
En fin, que entrenamos, que estamos más o menos fuertes, pero hay que JUGAR, esto es, moverse, crear espacios, estar listos en los cortes, en las ayudas, que no se nos agote la posesión sin posición de tiro y en medio del campo...
Dicen que decía cierto entrenador, acostumbrado a situaciones desesperadas, que sus primeras palabras en los equipos que recogía eran "sólo podemos mejorar".
Pues eso.